domingo, 19 de marzo de 2017

Annobón



Por encima de juegos verbales abstrusos, de narradores opacos o deliberadamente morosos, de ciénagas freudianas sin tratamiento estético y de caleidoscopios argumentales sádicos, el lector de novelas quiere que, ante todo, le cuenten una historia. Así de simple, así de respetable, así de enérgico. Que el autor de la obra se le ponga delante y le relate unos hechos dejándose en la alforja el narcisismo, la soberbia y la pedantería. Que no pretenda marearlo, humillarlo, retarlo o adoctrinarlo, sino que actúe como los viejos juglares o como los abuelos, que nos mantenían embobados con su narración oral.
Luis Leante pertenece (como Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes, Luis Landero, Care Santos o Arturo Pérez-Reverte) a la nómina de escritores que circulan por esos senderos y que, oh casualidad, reciben el aplauso multitudinario del público.
Ahora, bajo los auspicios del sello internacional Harper Collins, nos entrega Annobón, una historia que se desarrolla durante la primera mitad del siglo XX entre Guinea Ecuatorial y España y que tiene unos protagonistas muy llamativos. De un lado, tenemos al sargento de la guardia civil Restituto Castilla quien, poseído por un espíritu quijotesco (la voz de su esposa indica en la página 99 que “la culpa fue de todos los libros aquellos que leía en la casa de don Norberto”), es destinado a la antigua colonia africana y trata de construir allí un espacio utópico con los aborígenes, obteniendo unos resultados más bien desiguales; del otro lado tenemos al capitán Alfonso Pedraza, joseantoniano y abogado íntegro, que se convierte en su defensor durante la posguerra civil; y, en medio de los dos, Teresa Martín, que fue esposa de ambos y que se llevó a la tumba la verdad de sus historias cruzadas.
El narrador, muchos años después, intentará reconstruir los hechos sorprendentes que protagonizaron, y para ello entrevistará a Pilar Pedraza y a Cesárea Castilla, las descendientes de Restituto y Alfonso, ofreciéndonos a través de ellas dos versiones (a veces coincidentes, pero habitualmente no) del pasado, donde se nos hablará de crímenes, amores turbulentos, aventuras insensatas, rencillas, soberbia, ideologías contrapuestas, mezquindades y misterios ya para siempre empapados por la niebla del tiempo.

El resultado final es una novela envolvente, sólida, narrada con talento indiscutible, donde volvemos a encontrarnos con uno de los novelistas más brillantes de España. Descubrir una pequeña noticia marginal en un periódico de los años 30 y ser capaz de convertirla en un relato magnético, una de esas historias que no puedes abandonar hasta llegar a la última página, es un don que solamente los mejores atesoran. Luis Leante lleva años demostrando que su presencia en ese grupo no admite discusiones.