miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los amores equivocados



Uruguaya y española y poeta y pareja de Julio Cortázar y cuentista y traducida a más de veinte idiomas y novelista y premio Loewe, Cristina Peri Rossi ultimó en 2015 este glorioso volumen, Los amores equivocados, que el sello palentino Menoscuarto tuvo el buen juicio de editar.
En él descubrimos once relatos magistrales donde adentramos la mirada en un buen número de situaciones de la vida cotidiana, dominadas por relaciones sentimentales o eróticas llenas de ternura, dolor o bifurcaciones dolorosas: un camionero que recoge a una joven autoestopista y que, tras enterarse de que la muchacha quiere encontrar trabajo en un club de alterne, deberá afrontar una petición de lo más embarazosa (“Ironside”); una historia de fidelidad, idealismo y ciertos toques de ficción, que se desarrolla entre Montevideo y Barcelona (“Los amores equivocados”); un recién divorciado que debe afrontar un encuentro sexual con una enfermera (“Todo iba bien”); una traductora de 38 años que recoge, en medio del aguacero, a una muchacha de 19 que va a revolucionarle la vida (“De noche, la lluvia”); la deliciosa pero inestable relación que mantiene un psicólogo de 43 años con un hermoso chico de 17, que condiciona su forma de ver y sentir el mundo y que afectará incluso al ejercicio de su labor profesional (“Ne me quitte pas”); o la absorbente muchacha que dará un vuelco a la vida de una profesora universitaria cuya pareja, Elvira, se encuentra de viaje (“La escala Lota”).

El amor y el sexo, con sus tentáculos de hierro y azúcar, abrazarán a todos los protagonistas de estos magníficos relatos para convertirlos en seres vulnerables, ajenos a la estabilidad o la calma. Quizá porque el amor es un rayo que te parte los huesos y te esta estaqueado en la mitad del patio, como dijo el propio Julio Cortázar en Rayuela. Quizá porque el amor es una aventura sin coordenadas estables. Quizá porque en el sexo no hay brújulas. Quizá porque somos seres humanos, tan sólo seres humanos, y tenemos miedo, y frío, y ganas de amar y de ser abrazados.

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