domingo, 28 de junio de 2015

La regla del oro



En su magnífica novela El intermediario, el escritor murciano Pedro García Montalvo nos hablaba de “la artesanía de la avaricia”. Y es un sintagma que me ha resucitado en la memoria al acabar de leer la última obra de Juana Salabert. Hablo de La regla del oro, que publica Alianza Editorial en su serie negra y que lleva pocas semanas en las mesas de novedades de las librerías.
La historia que nos traslada es tan sugerente como actual: acaba de aparecer degollado entre unos contenedores de basura un joyero que se había especializado en la compra de oro a particulares. El crimen, desde luego, es horrendo, pero hay dos detalles que lo vuelven aún más truculento: el primero, que lleva prendida en la ropa una notita donde se le acusa de esquilmar a los pobres desgraciados que no tienen más remedio que deshacerse de sus alhajas familiares para hacer frente a sus problemas económicos; el segundo, que no es la primera víctima que la policía encuentra adecuándose al mismo formato: ya son tres los “comprooros” muertos en fecha reciente. Y todos llevaban un cartelito similar prendido en la ropa.
El policía encargado del caso será Jorge Alarde, un hombre joven con una enorme carga de problemas vitales sobre los hombros (sufrió una infancia traumática, de la que le quedan indelebles secuelas) y que no termina de encontrar su sitio en el mundo. Paso a paso, Alarde se irá encontrando en su investigación con todo tipo de personajes grotescos, tristes o repulsivos: niños de papá que han encontrado en la esgrima, el alcohol y la ludopatía los modos de malbaratar su existencia; empleadas rancias que mantienen una relación ambigua con sus jefes; hijos coléricos que descubren que han sido maltratados en la herencia y que reaccionan de forma tremebunda; poseedores de relojes de gran valor histórico que se verán obligados a empeñarlos para hacer frente a la crisis; personas que no encuentran su espacio laboral en España y que han de trasladarse a Francia; otras que fingen conservar su trabajo, para que su esposa no los considere unos fracasados... Y, como telón de fondo, los grandes signos podridos de la Europa y la España actuales (corrupción generalizada, la marea blanca, la Troika, el paro, la estafa de las preferentes, el boom inmobiliario), que salpican el texto y lo llenan de una actualidad amarga.

Escrita con una prosa transparente, donde se ha prestado mucho más interés al desarrollo comunicativo que al preciosismo literario, La regla del oro es una narración en la que todos los lectores descubrirán un retrato fiel del mundo que nos rodea, donde la avaricia, los fraudes, las pulsiones negativas o el crimen palpitan a nuestro alrededor sin que probablemente nos demos cuenta de sus auténticas dimensiones. Pero Juana Salabert era consciente de que una novela no puede detenerse en el simple dibujo ambiental (por más exacto que éste pueda resultar), sino que tiene que entregarnos también a unos personajes densos, fuertes, capaces de vertebrarla y llevar de la mano a los lectores, así que adensa el retrato de algunos de ellos, como Jorge Alarde, que se convierten en figuras de enorme poderío literario. Solamente por eso, y por la sorpresa final que la trama esconde, ya valdría la pena acercarse hasta las páginas de La regla de oro.

1 comentario:

Francisca Abellán Soriano dijo...

¡Cómo me gusta!Es novela negra, es buena literatura, es española y está escrita por Juana Salabert, a la que admiro. Gracias Rubén.Estoy muy contenta de poder leer tus críticas, nunca me siento defraudada, sino agradecida a un autor, tan generoso, que comparte con los demás, sus descubrimientos literarios y su saber infinito.Ah, y gracias también, por traer a mi memoria, a Pedro García Montalvo, un gran profe, para mí, y un gran autor, para Murcia