martes, 9 de junio de 2015

Campo de amapolas blancas



A veces, un libro no tiene que contar una historia original para convertirse en una obra hermosa. Ocurre, sin ir más lejos, con Campo de amapolas blancas, del extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal. Nos habla de unos condiscípulos que, en su juventud, comparten colegio, instituto, paseos, naipes y cines; que reciben el embrujo magnético de Jean-Paul Sartre a través de su novela La náusea; que se enamoran de las chicas preceptivas y viajan a París durante los veranos para empaparse de existencialismo, bohemia y Julio Cortázar; que realizan algunas incursiones en el mundo de la pintura y de la música... Luego, la vida se ocupará de encauzar a cada uno por su particular sendero (el narrador se licenciará en Hispánicas y acabará de profesor de instituto, como el propio Hidalgo Bayal lo es; el otro se perderá en una vorágine turbia de alcohol, drogas, buhardillas, cronopios y confusión). Cuando el narrador pretenda recuperar el contacto con su antiguo amigo descubrirá que ya resulta imposible hacerlo. La vida ha trazado su raya, ha efectuado la suma y ha arrojado la cifra final. No hay nada más que pueda hacerse. Su amigo había sido “alguien que creía en la existencia de la felicidad y que intentaba ser feliz, que fracasó  en la senda del orden y buscó caminos heterodoxos, que confundió finalmente felicidad y heterodoxia” (p.95).

Como se puede advertir en este resumen lacónico, no hay nada en estas páginas que no haya aparecido anteriormente en docenas de obras confesionales sobre los años sesenta (la mitificación de París, la experimentación con las drogas, la estéril disputa entre Beatles y Rolling Stones, el existencialismo, los cabellos largos, las flores en la indumentaria, el jazz, el malditismo de pacotilla). Pero precisamente por la condición “banal” de la historia que acabo de resumir maravilla que Gonzalo Hidalgo haya obtenido tan excelentes resultados en su novela, cuyo final melancólico es impresionante. Me parece la prueba de que nos encontramos ante un narrador fuera de lo común.

1 comentario:

José Jiménez Ortín dijo...

Estoy en la lectura del último relato que compone el libro "CONVERSACIÓN" de este autor. Gran nivel.