miércoles, 26 de marzo de 2014

El diccionario del diablo



Entre los muchos diccionarios que circulan por ahí, en librerías y bibliotecas, los hay de todo orden: de uso, académicos, de sinónimos, de rima, de humor (les aconsejo el de José Luis Coll, aunque el de Luis Díez Jiménez también incluye instantes felices), etc. Pero pocos alcanzan la gracia, la ironía, la profundidad, la inteligencia, del Diccionario del diablo, de Ambrose Bierce. Yo conocí esta obra gracias a la recomendación de Joaquín Iborra Mateo, y la verdad es que ahora que la he releído al cabo de 15 años sigo pensando que es un prodigio de estilo y de penetración. Las definiciones que en él incluye oscilan entre la zumba, la retranca, el sarcasmo, la desvergüenza, la libertad y la iconoclastia, y siempre son deliciosas de leer. Pero como cualquier comentario que yo pudiera hacerles sería un pálido reflejo de sus numerosas virtudes, estoy pensando que lo mejor será que les apunte algunas de ellas, para que ustedes juzguen. Si les gustan las que anoto, les aseguro que el libro contiene muchos centenares más, del mismo tenor, hasta completar casi las quinientas páginas. Raro será que encuentren un libro más ameno, más gamberro y más sagaz.
Adelante, pues, con la enumeración...
Abogado: Profesional especializado en burlar la ley. / Aire libre: Esa parte de nuestro entorno que el gobierno todavía no ha podido tasar con impuestos. / Alentar: Confirmar a un necio que hace bien al empeñarse en una tontería que está empezando a perjudicarle. / Amistad: Barco lo bastante grande para llevar a dos cuando hace buen tiempo, pero sólo a uno cuando empeora. / Baco: Deidad más que conveniente inventada por los antiguos como excusa para emborracharse. / Batalla: Método de desatar con los dientes un nudo político que no se podía deshacer con la lengua. / Calamidad: Hay dos tipos de calamidades: la desgracia propia y la fortuna ajena. / Categórico: Equivocado a voz en grito. / Centeno: Whisky en cáscara. / Cerebro: En nuestra civilización se tiene en tan alta estima al cerebro que se le recompensa eximiéndole de ocupar cualquier cargo público. / Cielo: Lugar donde los perversos dejan de incordiarte con su conversación sobre sus problemas personales, y los bondadosos escuchan con atención mientras tú expones los tuyos. / Circunloquio: Truco literario por el que un escritor que no tiene nada que decir se lo cuenta lentamente al lector. / Cobarde: El que en una situación peligrosa piensa con las piernas. / Competidor: Sinvergüenza que desea lo mismo que nosotros. / Cumplido: Préstamo con interés. / Depósito: Contribución caritativa para ayudar a un banco. / Día: Período de veinticuatro horas, casi todas malgastadas. / Disimular: Ponerle una camisa limpia a la personalidad. / Distancia: Lo único que los ricos están dispuestos a que los pobres consideren suyo, y a que la guarden. / Egoísta: Persona de mal gusto, más interesada en sí misma que en mí. / Elogio: Homenaje que rendimos a los logros ajenos que se parecen, aunque no igualan, a los nuestros. / Erudición: Polvo que se levanta de un libro y se introduce en un cráneo hueco. / Espalda: Parte de la anatomía de un amigo que tenemos el privilegio de contemplar cuando nos van mal las cosas. / Fe: Creencia sin pruebas en lo que dice alguien que habla sin tener la menor idea sobre cosas nunca vistas. / Historia: Relato, casi siempre falso, de las hazañas, casi siempre carentes de la menor importancia, que realizan gobernantes, casi siempre deshonestos, y soldados, casi siempre necios. / Homeópata: El humorista de la profesión médica. / Inmigrante: Persona desinformada que cree que un país es mejor que otro. / Jurado: Cierto número de personas designadas por un tribunal para ayudar a los abogados a impedir que la ley degenere en justicia. / Noviembre: Undécima parte de las doce que conforman el tedio. / Paz: En política internacional, intervalo dedicado al engaño entre dos períodos de guerra. / Política: Medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas. / Procesión: Reunión de necios que se han negado a cultivar el sentido del ridículo. / Represalia: Piedra natural sobre la que se erige el Templo de la Ley. / Ruina: Lugar donde acabarían nuestros millonarios si tuvieran que pagar impuestos. / Sacerdote: Caballero que afirma conocer y ser propietario del sendero interior que conduce al paraíso, y que quiere poner un peaje en el mismo.

¿Les ha parecido un buen paseo? Pues ya saben el título del libro...

1 comentario:

Alonso Barán dijo...

La portada del libro es de San Agustín y el Diablo, porque San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia, llegó a la verdad a través del vício.Es decir, el bien y conocimiento se lo dio el Diablo...