miércoles, 22 de agosto de 2012

La noche del Skylab



¿Qué vómito se agolparía en la garganta de un hincha de fútbol que descubriese en la grada, muy cerca de él y animando a su mismo equipo, a quien fue su sádico torturador durante la época de la dictadura militar que afligió al país? ¿Qué sentiría un profesor judío si, en el año 1918, recibiera en sueños las órdenes inexcusables de Dios para que fuera exterminando a unos niños que, apenas veinte años después, se convertirían en sanguinarios miembros del partido nazi? ¿Se atrevería usted, si fuera adolescente y acabara de ver morir a su mejor amigo, a cumplir su última voluntad: es decir, proceder a su exhumación y entregar su cuerpo a la acción purificadora de las llamas? ¿Qué imágenes, qué recuerdos y qué melancolías brotan en la mente de una anciana aquejada de alzheimer cuando descubre en el garaje de su hogar, lleno de polvo, el piano con el que recorrió Europa como concertista durante su juventud? ¿Hasta dónde conseguiría llegar un hombre guapísimo que se propusiese, como única meta en su vida, provocar el amor en mujeres ya casadas, con el fin de destruir sus matrimonios (institución que odia)? ¿Qué secreta y macabra ilusión mueve a los habitantes de una aldea para pedirle a Dios que desplome sobre ellos los fragmentos de la nave Skylab, que vaga sin rumbo por la atmósfera?
Pues argumentos como ésos son los que dan pie a Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966) para construir los espléndidos relatos que conforman este volumen. Y es que este escritor viene demostrando desde hace años que no le tiene miedo a ninguna propuesta narrativa, por extrema o casi inverosímil que ésta pueda antojarse; y que en su pluma los argumentos que harían temblar de vacilación a escritores más curtidos, no son sino acicates con los que siempre consigue seducir (y no es pequeño logro) a sus lectores.
No faltan tampoco en este tomo las alusiones feroces e indisimuladas a algunos de sus colegas, como Umberto Eco o Arturo Pérez-Reverte. Así, en la página 204, cuando habla de “esas tramas pseudointelectuales que venden miles de ejemplares y después se convierten en películas gracias a que su autor, además de novelista, es catedrático en la Universidad de Bolonia o reportero de guerra”. Pero al margen de polémicas más o menos agrias La noche del Skylab es un libro inusitadamente bien escrito, que deja bien claro que Juan Bonilla no es un bluff, sino una de las voces más sólidas y prometedoras de la literatura española actual. Con esa certidumbre, me parece, hay que leer este volumen.

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