domingo, 4 de marzo de 2012

Sueño de una noche de verano




Resulta curioso e ilustrativo preguntarse de quién nos enamoramos. ¿De la persona que exactamente estaba destinada para unirse a nosotros? ¿De alguien a quien conocemos de un modo casual y que se convierte en imprescindible en virtud de azares concatenados? Hay quien sostiene que la ceremonia del amor tiene mucho de mágica y poco de estratégica, pero no está de más formularse este interrogante a modo de ejemplo: si soy de Cuenca, ¿qué posibilidades hay de que el amor de mi vida sea de Melbourne; y cuántas de que sea conquense? O formulado de un modo más directo: ¿nos enamoramos o elegimos? ¿Se van nuestros ojos detrás de la persona única, perfecta y predestinada; o más bien escogemos la mejor opción, lo más seductor y apetecible... de cuanto vemos y nos rodea?
El inmenso, el genial, el prodigioso William Shakespeare, que algo sabía de amores y algo sabía también del espíritu humano, nos entregó en las páginas de Sueño de una noche de verano una interesante reflexión sobre estas cuestiones, que ahora refrescamos en la edición que el sello Cátedra acaba de publicar, en un magnífico volumen bilingüe que traducen con interesante aparato de notas los profesores Vicente Forés López, Jose Saiz Molina y Virginia Analía Soprano Manzo, habituales colaboradores de la Fundación Shakespeare de España. La pieza no es, desde luego (dejemos asentada esa premisa), una de las obras capitales del genio de Stratford; no forma parte de ese elenco sublime donde brillan con luces propias El rey Lear, Hamlet, Otelo o Macbeth. Pero tampoco conviene olvidar que incluso una comedia mediana de William Shakespeare atesora tal cúmulo de primores que su lectura es siempre enriquecedora y recomendable. Es lo que ocurre con este anómalo Sueño de una noche de verano. En sus páginas nos encontramos con la ira tremebunda de Oberon quien, a causa de una disputa pendiente de resolución con Titania (reina de las hadas del bosque), decide ejecutar una venganza más bien extrema y aparatosa: con la ayuda de Puck, su duende favorito, verterá cierto jugo de flores sobre los ojos de la reina y provocará que ella se enamore del primer ser con el que se encuentre a la hora de despertar. Al mismo tiempo, de forma paralela, se desarrollan otras líneas argumentales que confluyen con la anterior: la boda que va a celebrarse entre el duque Teseo e Hipólita; los ensayos teatrales, tan bienintencionados como ridículos, de unos lugareños que quieren representar la fábula de Píramo y Tisbe en dicha boda; las disputas de amor que se establecen entre Demetrio, Hermia, Lisandro y Helena; etc.
Como es lógico suponer, la mayor fuerza cómica de la pieza de William Shakespeare reside en los enredos que se derivan de la equivocación de Puck (el cual vierte el jugo mágico en los ojos de quien no debe) y en la hilarante circunstancia de que la altanera y hermosa reina Titania caiga rendida de amores ante un zopenco pueblerino que, además, lleva encasquetada en la cabeza una máscara de burro. Y la mayor intensidad lírica y literaria es posible localizarla en las conversaciones de amor y desamor que nutren los actos II y III, sobre todo con la actitud de Helena, que se humilla lastimosamente para merecer el cariño de un glacial Demetrio. Desde hace años, el Instituto Shakespeare, donde tiene papel principal el profesor Manuel Ángel Conejero, traduce, prologa, estudia y anota con admirables resultados las obras del dramaturgo inglés más brillante y enigmático de todos los tiempos. Fruto de esa dedicación han sido las ediciones de Otelo, Macbeth, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia, Noche de Reyes o La tempestad, todas ellas editadas para el público español por el sello Cátedra, en volúmenes de escaso precio y altísimo primor. Hacerse con esta colección es una de las apuestas más inteligentes y fructíferas que podemos realizar de cara a nutrir nuestras bibliotecas. William Shakespeare estaría en cualquier listado de los diez mejores escritores de todos los tiempos. Incluso en un listado de los cinco mejores de todos los tiempos. De ahí que poseer y leer sus obras sea un privilegio, que con libros como éste es muy fácil lograr. No desperdicien la ocasión de comprobarlo.

3 comentarios:

supersalvajuan dijo...

A tito Guillermo siempre da gusto leerlo. Y encima amenísimo.

Luisa dijo...

Es una de mis favoritos, y me has dado ganas de volver a leer este sueño.

Wilfredo A.Ramos dijo...

Muy acertado comentario sobre este nuevo triunfo de Catedra y del profesor Conejero. Ojala podramos disfrutar de toda la obra del gran bardo ingles en esta magnifica y cuidada coleccion.