viernes, 9 de diciembre de 2011

La jugadora de ajedrez



En su obra Mrs. Caldwell habla con su hijo afirmó Camilo José Cela que no podemos saber detrás de qué puerta estará peinándose la persona que más nos amará, o por qué océano bucea el tiburón que menos nos hará sufrir. O dicho de otro modo: no podemos estar seguros de en qué recodo del camino nos espera el suceso que truncará nuestra vida, o que le dará un nuevo rumbo.
Eleni es una mujer de 42 años, con dos hijos, que vive en Naxos. Su marido se llama Panis y es mecánico. Y ella, feliz, trabaja como limpiadora de habitaciones en el hotel Dionyxos. Un día, mientras arregla el cuarto de una joven pareja francesa, descubre un tablero de ajedrez con sus hermosas piezas de madera y queda fascinada. La seducción que opera sobre ella aquel enigmático pasatiempo acabará por capturarla: comprará un modelo electrónico y un manual de instrucciones y, poco a poco, irá penetrando en "la vorágine del aprendizaje" (p.100) de la mano de su antiguo maestro Kouros. El gran problema es que Eleni no vive en un mundo adelantado, tolerante y digno, donde se valore su esfuerzo, sino que la rodea la claustrofobia del machismo analfabeto, hasta el punto de que su esposo, zaherido por las habladurías del vecindario, se sentirá "el hazmerreír del puerto" (p.78): una mujer no puede dedicarse a una afición tan absurda. A una mujer no le es lícito soñar más que con su cocina (Panis se enfada cuando la cena no está preparada a las nueve) y con la educación de sus hijos. ¿Para qué anhelar otras metas más elevadas o más intelectuales?
Al principio, la mujer no concibe su afición ajedrecística como un desacato, ni como un desafío, ni tampoco como una transgresión deliberada. Ella, que no ha fabricado las normas, las ha respetado siempre. Pero ahora ha descubierto un nuevo mundo, donde las normas varían. Un mundo cuadriculado, sí, pero también creativo y liberador, en el que la reina está adornada de poder. El paciente Kouros le explica que "sólo existe el tablero. El resto es fantasía" (p.101), pero no le dice (tal vez porque no lo considera necesario, o porque intuye que lo descubrirá ella misma) que "no se vuelve de una incursión en la singularidad como de un paseo por el bosque" (p.86).
Esta novela, deliciosamente escrita por Bertina Henrichs y con un final que no sólo es magnífico sino que magnifica la obra (en el que Eleni descubrirá, tras la muerte de su mentor Kouros, que se puede perder sin amargura y que se puede triunfar sin saberlo), supone una reflexión sobre la dignidad femenina, sobre el coraje que determinadas mujeres (¿o acaso todas?) han necesitado desplegar desde el comienzo de los tiempos para descubrir su lugar en el mundo.

1 comentario:

Jose Maria Lopez Conesa dijo...

Un hecho tan insignificante (la visión de un ajedrez) puede generar una espléndida novela en la que prima el deseo de dignificar la paridad de géneros y el resurgir de la digna actuación de la mujer.