martes, 8 de noviembre de 2011

Caja de herramientas




Mi amigo Jaime Wulff me presta un libro de Fabio Morábito que se titula Caja de herramientas y, tras su lectura, no me resisto a dejar aquí una nota sobre él. Es, sin duda, un volumen singular, en el que los diferentes instrumentos que puede utilizar un operario o un particular (cuchillo, martillo, trapo, aceite, tubo, tijeras, tornillo) son contemplados desde otro lado, como insinuaba Federico García Lorca que debían hacer los poetas. De tal modo que lo que pudiera haber sido un mero repaso técnico se convierte, gozosamente, en otra cosa. El volumen se transforma así en un conjunto de juegos y ramificaciones que no se dejan gobernar por la vacuidad: son toboganes líricos, conexiones secretas entre las cosas, descubrimientos que al lector le sorprende no haber hallado por sí mismo. Así, nos encontramos con párrafos como éste: "Si en un plano colocamos un cierto número de pasillos y galerías que se cruzan y se comunican, obtenemos un laberinto. Si a este laberinto le conectamos por todas partes, arriba, abajo y a los lados, otros laberintos, es decir, otros planos de pasillos y galerías, obtenemos una esponja. La esponja es la apoteosis del laberinto". Uno imagina a Fabio Morábito con cada herramienta sobre la mesa, mirándola, pensándola... Descubriéndola.
Y llega a sentencias que mezclan la metafísica con el humor. Nos dirá, por ejemplo, que la lima "obra por persuasión"; que en el caso de la lija, "más que de un trabajo de persuasión habría que hablar de un trabajo de ruego, incluso de plegaria"; que "por un tubo corre siempre la novedad. Va lleno de domingo"; o que la cuerda es un "hojaldre vegetal". Y si alguien quiere reflexionar sobre sí mismo, juzgue esta sentencia: "El rostro que ríe quiere ser otro rostro, resquebraja sus facciones". Julio Cortázar habría puesto este libro entre sus favoritos. Yo ya lo he hecho.

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