domingo, 17 de julio de 2011

Cuestión de locura




Gracias a la traducción de Ramón Sánchez Lizarralde, Alianza Editorial pone en nuestras manos el volumen Cuestión de locura, del albanés Ismaíl Kadaré, donde se recopilan cuatro novelas cortas de uno de los narradores más prestigiosos del continente europeo. Las fechas en que estas piezas fueron elaboradas (la primera, en 1962; la última, en 2004) revelan la larga dedicación que ha puesto en este género, hermano mestizo de la novela y del cuento.
Cuestión de locura (2004) nos propone una narración autobiográfica, donde se nos traslada al mundo en el que se crió (Gjirokaster); con su babazoti (su abuelo); su tío menor, constante suicida potencial; el omnipresente partido comunista, que urde en la sombra su imperio de control; el simpático Ilir, que lo acompañó durante toda su infancia; o esa idea alucinada que vino a instalarse en su mente durante mucho tiempo: que su babazoti había sido, en realidad, el fundador del estado albanés. Sin duda, la parte más emotiva es el tramo final, cuando nos relata la muerte del abuelo y el posterior desgarro que afligió a Kadaré.
El desprecio (1984) es mucho más interesante desde el punto de vista psicológico, y nos coloca ante los ojos a Aleko Balla, un antiguo militar comunista que, después de haberse casado con una feísima mujer de la nobleza declinante, ha de sobrevivir entre dos aguas, siempre el borde de disgustar a sus correligionarios o a los exquisitos miembros snobs de la alta burguesía. El dibujo social se completa con esa maravillosa creación que es la anciana Muhadez, defensora a ultranza de los valores tradicionales y mujer de agrio carácter.
Días de juerga (1962) es, sin embargo, prescindible. No pasa de ser el divertimento narrativo de un joven de veintipocos años, que aún está fraguando su estilo y que no consigue grandes cosas con él. Una bagatela cuyo argumento se reduce a la búsqueda que dos amigos juerguistas y fervorosos del tabaco y el coñac emprenden para localizar un poemario perdido del albanés Andon Çajupi. Cuando se vuelve la última página y se constata que ni lo encuentran ni parece importarles, te invade una extraña sensación de estafa narrativa.
Y todo lo contrario tendría que decirse de esa perla mayúscula que es La estirpe de los Hankoni (1977), donde Ismaíl Kadaré emplea casi cien páginas, que distribuye en setenta y ocho pequeños capítulos, para contarnos una saga familiar tan extensa como cuajada de incidentes: fraudes, negocios de variado éxito con la sal y el petróleo, bodas, muertes, amores secretos, acceso al funcionariado, deshonores, préstamos... Dos siglos de vida, esplendor y decadencia, que asemejan la narración a una montaña rusa, poderosamente atractiva.
Ismaíl Kadaré ya se ganó hace tiempo el derecho a figurar con letras de oro en la novelística del siglo XX. Esta obra es una nueva demostración.



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