domingo, 23 de mayo de 2010

El oasis secreto



Cuando uno termina de leer determinados libros suele experimentar la sensación de que podrían convertirse de inmediato en películas, bien porque sus personajes tienen una garra y un atractivo fuera de sí, bien porque el argumento que acaba de desfilar ante sus ojos de lector está dotado de un magnetismo cinematográfico innegable. Luego, como es lógico, ya entraría en juego la mayor o menor pericia del guionista, porque hay botarates capaces de transformar un texto soberbio (El club Dumas) en una porquería de muchas toneladas (La novena puerta). En el caso de la novela que hoy nos ocupa, El oasis secreto, de Paul Sussman (traducida por Jofre Homedes Beutnagel para la editorial Plaza & Janés), esa impresión se instala en la mente de los lectores casi desde el principio, porque la historia tiene una fuerza visual enorme. Quienes hemos crecido ya en un mundo de cine y de televisión sabemos que este componente no es en modo alguno desdeñable, y se suma a las demás bondades (literarias, psicológicas, etc) de toda historia.
Imaginemos que estamos en el año 2153 antes de Cristo. Unos sacerdotes se desplazan por las arenas egipcias con una carga misteriosa, que están dispuestos a proteger a cualquier precio. Por fin, tras un viaje larguísimo y agotador, llegan a un oasis; y, uno por uno, ante la sorpresa del lector, se van suicidando. De esa forma, el secreto que han jurado custodiar se mantendrá a salvo de quienes deseen infringirlo. Cuatro milenios después, en 1986, un avión que sobrevuela la misma zona se ve envuelto en una aterradora tormenta y se desploma sobre las arenas del desierto. Su carga es desconocida, pero provoca que cunda el pánico más absoluto en el Pentágono, institución que trata de mover todos los hilos posibles para recuperar los restos del aparato... Y, por fin, llegamos a la actualidad, donde vamos a encontrar los mimbres que nos permitirán completar la historia: Freya, alpinista de reconocido prestigio que acaba de enterarse de la muerte de su hermana, con quien mantenía una relación poco fluida en los últimos tiempos como consecuencia de un malentendido sentimental; Flin Brodie, un arqueólogo de gran prestigio al que el abuso del alcohol ha deteriorado su trayectoria profesional, pero que sigue manteniendo una posición honorable en El Cairo, donde también trabaja; Romani Girgis, un antiguo niño de la calle que ha conseguido hacerse millonario merced a los negocios sucios más variopintos (drogas, prostitución, venta de armamento, trata de blancas, etc) y que está obsesionado con descubrir el emplazamiento del oasis secreto, donde presume que se encuentran los restos del avión; Angleton, un espía de aspecto poco convencional; Zahir, un beduino que, después de haber sido amigo de la hermana de Freya, mantiene con esta última una relación más bien cautelosa... Y, aderezando a todos esos personajes y otros más, que van salpicando la novela, está la mano de Paul Sussman, que utiliza una habilidad de prestidigitador para mantener a los lectores con los ojos adheridos a sus páginas. Hay en este libro escenas de persecuciones bastante adrenalínicas (entre las páginas 173 y 180 hay una que haría las delicias de Hollywood), tiroteos, torturas que producen espeluzno al ser leídas, sorpresas constantes, hallazgos arqueológicos... Pero también hay una sana dosis de humor en algunos momentos de la historia: como ejemplo nos puede servir el episodio en que dos matones que trabajan para Romani Girgis están a punto de matar a los protagonistas. La razón por la que no lo hacen es hilarante, y sorprenderá a los usuarios de la novela.
De este autor conocíamos en España El enigma de Cambises (2002) y El guardián de los arcanos (2005), ambos publicados con el sello Plaza & Janés y con temática relacionada con Egipto, así que esta nueva historia no sorprenderá a los que ya leyeron alguno de los tomos anteriores. Para los demás, me atrevo a lanzar mi consejo: yo me haría con la novela. Se trata de una excelente lectura para el verano, porque combina fantasía, aventuras, buenas dosis de misterio y algunas curiosidades relacionadas con el mundo del norte de África. Y servido todo ello con una prosa rápida y nada plomiza. Ideal para quienes buscan una historia amena y sorprendente.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Esa fuerza visual de la que hablas no siempre es fácil ilustrarla con palabras.

Leandro dijo...

No sé si lo has hecho de forma plenamente consciente, pero al referirte a usuarios de la novela creo que la has retratado. Teniendo en cuenta mi cada vez más discutible gusto cinematográfico, estoy casi seguro de que lo pasaré mejor viendo la película con mis hijos que leyendo la novela. Definitivamente, esperaré a que termite el rodaje. Y el montaje, claro

Laura.R.G dijo...

He leído el libro y, ciertamente, estoy completamente de acuerdo en cuanto a la sensación que da al lector de estar viendo una película.

Me lo he pasado muy bien leyéndolo, y si alguien se pasa por aquí, que sepa que la recomiendo sin duda. Un relato muy ágil que no decae en ningún momento.

kanet dijo...

Hola, acabo de empezar el libro y no sabes lo que engancha eee
En pocas páginas ya han muerto casi un centenar de personas, impresionante la velocidad que tiene.
Se lee muy fluidamente y como digo, el tema engancha.
Yo lo aconsejo y eso que tan solo llevo unas pocas páginas.
Debo decir que ya he leído de este autor "El engima de Cambises" y también engancha, lo pillas y no quieres soltarlo hasta que llegas a la última página.
Un saludo.