viernes, 27 de noviembre de 2009

Un cuento y una taza de café




Es una gran verdad que el café y la literatura han formado una especie de simbiosis que se ha mantenido a lo largo del tiempo, con su dosis de mitología, de sugestión, de creatividad y de atrezzo. Imaginar al escritor sentado a una mesa, con una taza de café humeante junto a los folios, forma parte de la mejor historia de la literatura. Ahora, la editorial Tres Fronteras, sumándose a la III Semana del Café, ha lanzado un coqueto volumen donde se recopilan seis historias de autores que han introducido esa bebida en sus ficciones.
Pedro García Montalvo ("La creación del mundo") nos cuenta cómo el escritor Aníbal Paredes acude al local donde celebra la tertulia con sus compañeros de letras; y cómo, por fin, tras varios días devanándose los sesos, consigue recordar qué era aquello que se olvidó de apuntar unas jornadas antes. Ahora, enfebrecido y feliz, empieza a escribirlo. Manuel Moyano ("Páginas inmortales") nos presenta a un escritor elitista, pulquérrimo y exquisito llamado Estanislao Garcerán, quien obtiene todo el dinero que necesita para subsistir redactando novelitas rosas con el florido seudónimo de Azucena Espriu. Pero esta doble personalidad literaria nos será mostrada al final del relato de un modo chocantísimo. Julia R. Robles ("El Cafetín de la Musaraña") convierte en el principal protagonista de su cuento a Paco, un jubilado que acude con asiduidad al local que regenta la cincuentona Juana Sansano, famosa por el enorme volumen de sus pechos, a quien terminará proponiendo matrimonio cuando su esposa fallezca. La respuesta que ella le brinda condiciona a partir de entonces la existencia entera de Paco. Pascual García ("Únicamente ella") edifica con un primor inigualable el paisaje interior de Teresa, una mujer a la que el paso del tiempo va convirtiendo en un despojo exótico en Puerto Errado. La soledad, el fracaso, la tristeza, el frío y la mezcla de odio y conmiseración que despierta en sus vecinos, tejen la malla gris de su vida. Antonio Parra Sanz ("Café solo"), en un texto de brillante estructura paralelística y avance amargo, empapado por la mordacidad de un humor sumamente inteligente, nos habla de Gonzalo, quien sufrirá embates laborales, económicos, conyugales y médicos con la resignación (finalmente quebrada) de un anacoreta. Y Lola López Mondéjar (que cierra este tomo con "Las invitadas") nos narrará cómo Clara, una mujer divorciada con una hija, decide prolongar sine die su estancia en el hogar que le ha prestado su amiga Anna. Para ello, cambia la cerradura, busca un trabajo, rompe lazos con su pasado... y arrastra a su hija en ese hundimiento absurdo. Venecia ejerce su hechizo sobre ella, y ni siquiera las peticiones de su hija, que está deseando volver a su antiguo hogar español, parecen convencerla... En suma, seis propuestas magníficas que nos servirán para recordar que en Murcia habitan unos cuentistas memorables, y que constituye un auténtico pecado de desidia no acercarse a sus obras.

8 comentarios:

Antonio Parra Sanz dijo...

Gracias por tus palabras, hermano. Aún no he visto el libro y estoy deseando leer las otras cinco historias, porque además es un placer compartir página con esos nombres. Sólo hubiera sublimado ese placer haberlas compartido también contigo. Un abracísimo

supersalvajuan dijo...

¿Tres fronteras? ¿Hay tantas?

Thornton dijo...

Leí el relato de García Montalvo en "Nosotros los solitarios" (Pre- Textos)y pensé que efectivamente para vosotros, los escritores, esa sensación era como la creación del mundo.
Lo de disfrutar de vecindad Montalvo y Pascual García, me anima a echarle el guante. Un saludo.

Rubén dijo...

Es sin duda un librito muy bien organizado, con seis textos que, de verdad, no tienen desperdicio. No sobra ninguno.

Clares dijo...

Yo también tengo "Nosotros los solitarios" y me alegro ahora de que se difunda este cuento que yo considero, casi, casi, el mejor que Pedro haya escrito nunca. Como los otros no los conozco, pues al cesto de la Navidad.
Thorton, estoy a punto de pillarte. Si tienes vecindad con Pedro, entonces también la tienes conmigo, así que seguro que nos conocemos de vista. Y a lo mejor de oídas, y a lo mejor hasta nos conocemos de verdad. Qué intriga la de este hombre.

Rubén dijo...

Me siento tan honrado y tan orgulloso del pequeño grupo heterogéneo de personas que me hacéis el honor de leer mis palabras que me encantaría organizar una reunión cervecera o cafetera con todos vosotros. Así nos conoceríamos.

Leandro dijo...

En mi imaginario personal, al lado del café tengo al lector. Al escritor lo he puesto junto a los licores fuertes

santdo dijo...

Pues nadie se lo va a creer, pero tengo en imprenta, en estado de presupuestar, un poemario titulado "Cafés de Invierno", con la presencia del mismo elemento en cada uno de los poemas. Y no sabía nada de esta empresa. Enhorabuena a los autores. A ver si la crisis deja que me sufrague el tomito.
Ciao, Rubén; lees como un fiera.