domingo, 11 de octubre de 2009

Alas





Durante más de veinte años, que se dice pronto, Leopoldo Lugones no ha tenido para mí existencia literaria alguna. Y esta circunstancia no varió ni siquiera después de asistir durante tres años a las clases de Literatura Hispanoamericana en la facultad de Letras de la Universidad de Murcia: jamás escuché su nombre o se me mencionaron sus obras mientras permanecí sentado en aquellos pupitres. Todo lo más, leí algunas anécdotas sobre él por propia iniciativa en ciertas páginas de Jorge Luis Borges, que no fueron suficientes para que me interesara por ninguno de sus libros.
Ahora, mi inefable amigo Pepe Colomer me regala el delicioso tomo Alas, que lleva el sello de la editorial valenciana Pre-Textos, y compruebo que Lugones es un autor al que adorna lo que podríamos llamar la exquisitez coyuntural. Es decir, que presenta adherencias muy fuertes de la corriente imperante, el Modernismo, pero que sabe extraer de ellas un aliento especial, diferenciador, único, que no es fácil advertir en otros seguidores del movimiento encabezado por el nicaragüense Rubén Darío, tan devastador y calcinante. Así, Leopoldo Lugones nos dirá en este libro dedicado a los pájaros que el grito del chingolo se asemeja a una “pizca de cristal” (p.27); o que una siesta “se entibia, lenta en una suave claridad de aceite” (p.40). También construye poemas tan juguetones y danzarines como “El zorzal” (pp.63-64); o desliza aquí y allá aliteraciones como la que se advierte en la página 44: “Tritura el vidrio del trino”.
Leopoldo Lugones, un auténtico experto en mezclas (de hecho, se suicidó en febrero de 1938 mezclando whisky y cianuro), combina lo más delicado de la tradición literaria con lo más aprovechable de las aportaciones del Modernismo, consiguiendo un cóctel de deliciosa factura, donde escuchamos los colores de los pájaros y nos habituamos a su algarabía de picoteos. Estas Alas que ahora nos ofrece Pre-Textos en edición exenta pertenecieron en su día al volumen El libro de los paisajes, publicado en 1917. Y se me antoja una buena manera de acceder a la obra del escritor argentino. Yo, de hecho, he entrado por esa puerta.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

En el libro de Bioy sobre Borges hay algunos diálogos sobre él, es verdad. Aunque el argentino del día es Martín Palermo, para que veas.

Leandro dijo...

Levantarse y disfrutar de un soleado día en Gomorra, y que de repente, a media mañana, empiece a llover. He leído varios de sus cuentos, y sin llegar a entusiasmarme, me quedo con la posibilidad de haber vivido ese fatídico día.

Clares dijo...

Yo lo conocí por Borges y por un libro de poemas en lunfardo que no sé qué relación tenía con él. Tendré que revisarlo. Como mi relación con Argentina viene por vía matrimonial, no voy a tener más remedio que leer a unos cuantos de estos antes de tomar un avión -horror- y aterrizar en casa de unos primos muy simpáticos que allí tenemos-mayormente tiene mi cónyuge- y que nos esperan ya.
Lo del whisky y el cianuro me ha impresionado. A lo mejor sólo por eso merece la pena leerlo, a ver cómo llegó a tan feliz mezcolanza.

Eme dijo...

Hay tantos libros por leer y tan poco tiempo.