miércoles, 15 de julio de 2009

El centro de la Tierra





Es difícil sustraerse al hechizo que Andrés Pérez Domínguez imprime a su prosa, tanto novelística como cuentística. En esta ocasión, lo que nos ofrece es una magistral recopilación de relatos que, con el título de El centro de la Tierra, le publica el sello sevillano Paréntesis. En este tomo podemos encontrarnos con todo tipo de personajes y de historias: el hombre que, después de ser despedido, decide robar en la oficina donde trabajaba, ataviado de Papá Noel; el portero de fútbol que se dispone a detener un lanzamiento, en las horas últimas de su carrera deportiva; el ex-convicto que consigue que su ex-mujer le deje pasar la tarde con su hija; el joven que, en su despedida de soltero, encuentra en el puticlub a la chica que lo volvía loco en el instituto; el ladrón que tiene la mala suerte de entrar a desvalijar la casa de una ciega; la mujer que intenta escapar, agónicamente, de ese pueblecito de montaña donde comprende que su vida está agostándose; o aquella profesora de instituto que descubre, en el autobús donde viaja, al torturador que la golpeó y violó durante la dictadura militar que aquejó su país... Y, como elemento vertebrador de tan dispares propuestas, la prosa siempre galvánica, siempre pura y equilibrada de Andrés Pérez Domínguez, que tiene el poder seductor de los mejores estilistas. Con la fuerza de sus palabras y de sus frases, el sevillano consigue que el sudor nos empape el cuerpo mientras aguardamos el lanzamiento del penalti (en “El silencio”) o que nos congelemos de frío (mientras avanzamos en el tren que nos traslada desde Buchenwald hasta Mauthausen en “El último viaje”); que sintamos la emoción que se desprende de un pañuelo que fue entregado durante la guerra civil de 1936 (“Viejos”) o que nos irritemos con los maltratos físicos que sufre una mujer (“Sesión matinal”). En suma, Andrés Pérez Domínguez logra hacer que la literatura se transforme en vida, en vida imaginada y bien contada, en vida llena de luces y sombras, palpitante, enérgica, dulce y melancólica. Un maestro.

4 comentarios:

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Estimado Rubén: como autor del libro no puedo sino alegrarme, y mucho, por esta reseña. Quería decírtelo públicamente.
Un abrazo,

supersalvajuan dijo...

Apuntado a la lista de las siguientes lecturas.

Clares dijo...

Lo añado, como Salva, a la lista de verano. Tu recomendación suele funcionar. Por cierto, leí tu novela y yo también te debo una reseña, que ya haré en septiembre, posiblemente, porque ahora está la cosa muy parada. Besos.
P.D. El campo sigue abierto, aunque ya sé que no eres muy campero.

Rubén dijo...

Jajajaja. No, no soy muy campero, cariño. El problema añadido es que ahora me quedan 9 días para acabar todas las cosas que llevo empezadas, antes de que lleguen a casa mis hijos. Luego, todo serán piscinas, playas y Río Mundo. Lo que no haga ahora, se queda para septiembre. Un besico, corazón