domingo, 12 de abril de 2009

A pie de aula



La profesora Aurora Gil Bohórquez, siempre tan atenta a todos los detalles del mundo de la enseñanza, nos plantea en este volumen, encabezado con un prólogo de Mariano Caballero Carpena, temas tan interesantes y tan controvertidos como la necesidad de plantear una política inteligente y razonada de itinerarios en el mundo escolar (“¿Todos iguales?”); o razona sobre la conveniencia de que los centros reinstauren la norma de que todos los alumnos vistan con uniforme, lo cual equipararía muchos más a los estudiantes, por encima de marcas, modas, caprichos, capacidad económica de los progenitores o gustos personales, a veces discutibles (“Uniformes”); o se detiene a analizar la influencia que pueda tener la televisión sobre ciertos comportamientos soeces de los alumnos, como la moda de enseñar el culo a las primeras de cambio, como forma de burla o de gran alegría (“Hacer un calvo”); o analiza el doble absurdo de las chicas modernas a ultranza y las chicas ñoñas de antaño, ambas representantes de modelos equivocados y alienantes, y ambas condenadas al fracaso personal (“Entre la Juani y la Laura”); o reflexiona, dolida, contundente, lúcida, sobre el papel cada vez menos reconocido de los profesores en la sociedad actual, que cree compensarlos de todos los escarnios y todas las vejaciones que sufren con la golosina de los dos meses de vacaciones (“Ser profesor”); o indica posibles innovaciones europeas que sería bueno incorporar al sistema de enseñanza español, anticuado y casi obsoleto (“Cañones en las aulas”); o explica las bondades que podrían derivarse de una biblioteca escolar que estuviese bien dotada, y administrada con mimo e inteligencia; o de la sanísima costumbre (que la autora aboga por recuperar) de leer en el aula, apoyada por las iniciativas más variopintas: establecer un horario de lectura en la biblioteca o llevar a escritores para que lean cosas a los alumnos; o reflexiona sensatamente sobre el desbordamiento marketiniano de los libros de Harry Potter, tan millonarios en ventas como inútiles para crear lectores continuos (“Mientras llega Harry”); o se manifiesta con nitidez por la necesidad de un criterio correctivo que permita mejorar la expresión escrita de los alumnos, lejos de bobadas pseudoprogres (“Ortografía”); o reivindica la imperiosa necesidad de que los profesores sean ayudados en su tarea de reciclaje tecnológico, para que la mejora de la calidad de enseñanza sea un hecho tangible, y no un puro deseo (“Un anunciado fracaso escolar”); o se detiene a lanzar su crítica a las modas indumentarias execrables, que infaman el aspecto de las clases (“El bañador en las aulas”); o se alarma por el revanchismo ideológico que aqueja a los políticos, más preocupados de eliminar lo que hizo el anterior en materia educativa que por buscar soluciones eficaces para el caos que encuentran (“Con la educación seguimos topando”); o constata cómo los primores de la caligrafía han sido sustituidos por un caos ágrafo de creciente horripilancia (“Letra de médico”); o, en fin, ironiza cachazudamente sobre los antropónimos modernos, influidos por la moda, el cine y la televisión (“Todos quieren a Jessica”). Como podrá observarse, he realizado una larga y proteica enumeración, pero puedo asegurar que no agota ni de lejos los abundantes caudales y las abundantes sugerencias que este libro nos arroja a todos, profesores, padres y alumnos, para que reflexionemos sobre el estado preocupante de nuestro sistema educativo. Con un lenguaje diáfano y con un profundo conocimiento del tema, la profesora Aurora Gil Bohórquez nos ofrece un análisis tan digno de elogio como de obligada lectura.

4 comentarios:

A dijo...

Gracias por tu lectura tan exhaustiva y cariñosa, el libro de cabo a rabo también tú a pie de aula. Y por tus palabras, siempre apasionadas y vivas.
Estaréis en Florencia.
¡Qué envidia sana!
Un beso, Aurora

Athena dijo...

Soy del gremio y, tras leer la entrada, he ido sintiéndome reflejada punto por punto. Me lo apunto en la lista de "libros a comprar".

Pilar dijo...

Un saludo para Aurora, que hace lo más interesante, abrir el debate sobre todas esas cuestiones que deberían estar debatidas a la hora de legislar en materia de educación, y no la revés como pasa, que primero legislan como quieren y cuando se les antoja y después se nos va la lengua --algunos hasta dicen palabrotas! me cago en la leche...eso no es así-

Y besos también para ti. Salud y cervezas, amigo

Clares dijo...

Hola, Rubén. Entro a este blog, no sé cómo lo he encontrado, porque no tenía ni idea de que lo tenías. Y ya ves, me encuentro con mi buena amiga, Aurora, que tantas alegrías me ha dado y tan graciosa ella y tan inteligente... No sabía que hubiera publicado un libro, a ver si le echo un rato, porque llevo últimamente un despiste, debido seguramente a mis retiros espirituales por Ulea, que es que no salgo de las cuatro montañas. En fin, ya te he incorporado a mi blogroll y ya no te pierdo de vista. Un abrazo