viernes, 20 de febrero de 2009

Asuntos propios




Una de las virtudes que tiene la editorial Anagrama, y tiene muchas, es que patrocina uno de los premios de novela más aparentemente limpios y creíbles de España. Así que, cada vez que se emite el veredicto del jurado, todos los lectores estamos pendientes del nombre de la obra ganadora y de la finalista, porque seguro que merecen ser leídas. Este año, para completar este soberbio panorama, la editorial ha lanzado otros tres volúmenes (los iré reseñando en semanas próximas) que llegaron a la recta final de las votaciones y que constituyen valerosas apuestas del sello catalán.
La primera es Asuntos propios, de José Morella, que tiene de principales protagonistas a tres personajes perfiladísimos y complementarios: Roberto, un viejo traductor jubilado que sigue trabajado en casa, rodeado de café, diccionarios, disciplina y un profundo amor a los libros; Jacinta, una inmigrante africana que comienza a limpiar la casa de Roberto cuando a la anterior asistenta le sobreviene un grave conflicto de salud; e Isabel, la hija de Roberto, a quien los vecinos del inmueble advierten de la peligrosa relación que se está fraguando entre su padre y la limpiadora. Se ponen entonces en funcionamiento las reglas no escritas, que «son los cimientos invisibles de nuestra ciudad» (pág.41); y que determinan que un hombre mayor no puede enamorarse de una mujer mucho más joven y de otra raza, porque sin duda ella está engatusándolo para quedarse con su pensión, lograr estabilidad en el país de acogida o resolver sus problemas sociales. Dolida por este maremágnum de insidias, ofuscaciones y prejuicios, Jacinta llega a la conclusión de que «la libertad es como una selva virgen al lado de tu pueblo. Se sabe que está, pero no se la explora. No se entra en ella. La tienes, nadie te la niega, y nadie te dice que no puedes explorarla. Pero si la exploras te castigan» (pág.131). Y Roberto, más perplejo por la intransigencia de su hija que por cualquier otra consideración, se obstina en demostrar que su amor por Jacinta es mutuo y noble; y que no ensucia su textura ningún interés espurio.

Estamos ante una novela fascinante, fluida y escrita con calmosa sencillez, donde Morella demuestra un buen dominio de las situaciones tensas (las páginas donde nos describe el tiempo que Isabel tiene secuestrado a su padre, para evitar que «esa puta negra» (pág.87) lo desplume, son antológicas) y una notable lucidez para reflexionar sobre los males que afectan a nuestra sociedad, zarandeada entre la tolerancia y el extremismo, entre la hipocresía y la crudeza, incapaz de permitir que miremos con ojos inocentes las relaciones amorosas y humanas entre personas disímiles. Un extraordinario ejercicio de análisis que, además, está redactado con una prosa lograda y efectiva.

1 comentario:

Antonio Parra Sanz dijo...

Nos lo recomendó Care Santos el otro día, en su visita "mandarachera", y si atesora la mitad de la calidad con la que tú lo expresas, es de ley correr a la librería ya mismo.